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La Restauración:
Fueron elejidos para el diseño del proyecto el Doctor
en Arquitectura Luis Ortíz Macedo, para la recostrucción
el Doctor en Arquitectura Ricardo Prado y su socio el Arquitecto
Enrique Güemez, como supervisor de obra a los Ingenieros
Joaquín Barbará Zetina y Luis Amézquita,
como residentes de la obra actuaron el Ingeniero Fernando
López Tovar e Ingeniero Armelio Suárez, finalmente
estuvo a cargo del diseño estructural el Ingeniero
Luis Fernández Peñaloza, siempre contando con
la valiosa participación del Arquitecto Salvador Aceves,
Director de Monumentos Históricos del Instituto Nacional
de Antropología e Historia. Este magnífico equipo
de profesionales iniciaron la restauración en agosto
de 1996 y la terminaron a plena satisfacción en agosto
de 1997.
A través del proceso de investigación realizada
antes y sobre la marcha de la obra, se fueron encontrando
evidencias arqueológicas interesantes, las cuales permitieron
afinar el proyecto enriqueciéndolo. La estructura del
edificio estaba a punto de colapso, después de 260
años. por lo que con un especial diseño estructural
pudo salvarse, incorporándose a la obra sistemas contemporáneos
de refuerzo integral en muros de carga y entrepisos, con lo
cual la firmeza de la construcción garantizará
su estabilidad por un largo periódo.
Todos y cada uno de los materiales fueron restaurados de
acuerdo a los originales enmarcamientos de las puertas, balcones
y cornisas de piedra de la llamada toba pomosa; hierros forjados
para barandales, maderámenes y vidrio artesanal en
las ventanas.
Esta obra emprendida por la Fundación HERDEZ contó
con el beneplácito de las autoridades tanto del Gobierno
de la Ciudad de México, como del Consejo para la Cultura
y las Artes y fue inaugurada el 9 de septiembre de 1997, por
el Regente de la Ciudad de México.
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